Josefina de la Torre: maternidad y éxito profesional

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Mª Ilenia Medina 2º Bach B

Resulta un tanto irónico que haya mujeres como Josefina de la Torre, que han llegado a romper las cadenas machistas que arrastramos desde que el mundo es mundo y desde que la historia es historia, añoren el sueño de ser madres por el simple hecho de que se nos ha inculcado desde siempre el que la maternidad está totalmente desligada de la realización profesional de la mujer.
Es evidente que los hijos marcan fuertemente las elecciones de vida de las mujeres. Cuando llegan los niños al hogar, algunas se proponen negociar un equilibrio entre su familia y sus intereses de desarrollo profesional individual. Otras, en cambio, renuncian a esa realización y ponen el foco en el crecimiento y la crianza de sus hijos.
Resultaría demasiado optimista asegurar que esta dicotomía está superada, debido a que aún se ponen de manifiesto muchos problemas con respecto a la mujer en la sociedad actual. En primer lugar, los prejuicios y estereotipos adquiridos de las épocas anteriores donde la mujer era relegada a un segundo plano están todavía muy presentes, lo cual es lógico porque la renovación generacional nunca ha existido en lo que a práctica se refiere, y menos en un país como el nuestro ya que como hemos observado, en la mayoría de los hogares cuando una niña nace, se le enseñan unos ciertos valores y principios que van acorde con desempeñar el rol de una mujer. Esto es, la elegancia, el pudor, jugar con muñecas, controlar su sexualidad, etc. En segundo lugar, una mujer que tenga una vida profesional y decida tener un hijo tiene varios problemas. Aunque con los años se ha ido aumentando el tiempo que le corresponde a una madre por baja de maternidad, tiene que resolver con quién dejará al niño o niña una vez finalice este periodo.
Desde una perspectiva evolucionista, la maternidad siempre estará asociada a la mujer y como observó Darwin, nuestro objetivo en la vida es nacer, crecer, reproducirnos y morir. Pero no es tanto una cuestión de si las mujeres están hechas simplemente para tener hijos o están hechas para desarrollarse profesionalmente. La cuestión es que ambas cosas deben estar garantizadas por cualquier estado de bienestar, tanto por separado como simultáneamente. Eso es la igualdad independientemente del peso evolutivo que tenga ser mujer o ser hombre. Una vez conciliado el peso evolutivo de ser mujer y estar preparada durante millones de años de evolución para tener hijos, y que eso no interfiera con llegar a la meta de la autorealización tanto laboral como académica, es necesario conciliar el peso social de ser mujer. Esto supone que la sociedad en su totalidad interiorice el concepto de que la capacidad no se define por el género, al menos en la mayoría de casos, y acabar con las desigualdades económicas en puestos de trabajo idénticos o la ausencia de mujeres en posiciones de poder relevantes.
Por tanto debemos desligarnos de esos prejuicios y estereotipos que aún nos persiguen en la sociedad actual y por todo el mundo, educando a los niños en valores igualitarios, y eliminando los extremismos en los adultos, tanto el machismo como el feminismo. Con eso conseguiremos que la renovación generacional tenga una gran repercusión en la sociedad, sin discriminar por sexo, o por color de piel, o por posición social. No se trata de tener derecho a ser iguales sino tener igual derecho a ser diferentes.

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