SOMBRA AQUÍ, SOMBRA ALLÁ…

Sara Díaz Machado      2º Bachillerato B 

Ya lo cantaba Mecano “no me mires que hoy no me he puesto maquillaje y mi aspecto externo es demasiado vulgar para que te pueda gustar”. Es increíble como un estribillo puede tener una repercusión tan grande en el  comportamiento de las personas, ya sea de forma positiva al darse cuenta que representa una crítica innegable de los titiriteros a los  que nos sometemos o de forma negativa al  seguir el ejemplo presentado por la falta de autonomía y valor.

Porque sí, unas cuantas pasarelas antes de los eventos, unos pocos anuncios de cremas adelgazantes y algún que otro “experto” de moda son suficientes para “comer la cabeza” a una sociedad con poca autoestima y criterio. Y no, no es que hayamos nacido incapaces de pensar por nosotros mismos, es que desde que nacemos nos sentimos bombardeados por toda la publicidad externa  que dictamina qué es lo “bonito” y qué es lo “feo”.

¿Cuántos no hemos vivido una situación de rechazo? “Estás muy flaca”, “eres muy pequeña”, “seguro que no te dan de comer”, “eres muy pálida”. Han sido unos pocos comentarios de muchos que he recibido a lo largo de mi vida y que seguro, todos hemos escuchado y vivido de alguna u otra forma. Me acuerdo que no bastaba a cuántos médicos fuera, cuántas pruebas me hiciera, cuántos tratamientos recibiera para confirmar que realmente era normal y mi entorno me lo negara,  y que, en el fondo, aunque supiera lo común que era, mi autoestima se rindiera en múltiples ocasiones y acabara ocultando esos “no defectos” que tenía.

Claro está, estrictamente somos libres de elegir nuestras decisiones pero nuestra voluntad acaba tan condicionada que llegamos a pensar que es propia,  aunque no sea realmente así. Como pasa con las doctrinas religiosas, eres libre de hacer lo que quieras pero con cuidado, no vaya a ser que venga dios y te propine un castigo al nivel de tu pecado.

Pero el principal problema no radica en la sociedad sino en nosotros mismos, en nuestra fuerza de decidir y aceptar lo que somos y lo que queremos llegar a ser. Está en nuestro criterio, en nuestra valía. Nosotros somos lo que movemos la sociedad, nosotros somos la sociedad y hasta que no nos demos cuenta seguiremos mirando nuestro espejo de cristal al ritmo de sombra aquí, sombra allá.

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