POR DOLER ME DUELE HASTA EL ALIENTO

Sara Díaz Machado 2º Bach  B

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Reímos, lloramos, nos enfadamos, toleramos, luchamos, queremos,  sentimos desde siempre, ¿por qué iba a cambiar eso ahora?

Yo tuve un amigo, mi “compañero del alma”. Me lo quitaron de las manos antes de poder madurar junto a él. Aún recuerdo el día que me enteré de la noticia. Su hermano simplemente cogió el teléfono, tecleó mi número y se dispuso a llamarme.Mi amigo y yo usábamos mucho Skype ya que era la mejor manera de mantener el contacto estando tan lejos. “Tan lejos y tan cerca” siempre tuvo un significado especial para nosotros. Navidades, cumpleaños, aniversarios y demás eventos siempre se celebraron vía online y es de sorprenderse la percepción real que teníamos de la situación. ¡Parecía que en cualquier momento saldríamos de las pantallas!

El día que fui avisada de su muerte, un escalofrío helado recorrió toda mi espalda, mi cara se desfiguró por completo y mi pecho palpitaba incontroladamente. Esos sentimientos estaban ahí, eran reales, tan reales como yo. No llego a comprender la idea de que la evolución de las telecomunicaciones desvirtúe la forma de sentir y relacionarse con los demás. Es cierto que te da cierta y ventajosa facilidad de hablar con alguien lejano, o simplemente la capacidad de enterarse de todo en cualquier parte y momento, pero no por ello te sitúa dentro de una bola de cristal que separe emocionalmente la racionalidad de la pasión.

La comunicación ha evolucionado de forma espectacular en tan sólo unas pocas décadas y esto es notable en la comparación de vida respecto a las generaciones anteriores a las nuestras. Miguel y Sijé no pudieron verse durante una larga época y, obviamente, el sentimiento de añoranza que despertó en ellos pudo haberse sentido a flor de piel. Aun así ellos nunca dejaron de pensarse, aun así nosotros nunca dejamos de querernos.

Me pregunto qué hubiese pasado si Miguel se hubiera enterado de la pérdida de su amigo de un modo más cercano. Me pregunto qué hubiese pasado si yo no me hubiera podido enterar. ¿Acaso no es lo mismo? ¿Acaso nuestro sentimiento no es igual? Las generaciones cambian, los sentimientos para bien o desgracia, no.

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