NI UNA MENOS

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YANIRA RODRÍGUEZ CANO

2º  Bachillerato B.

Tres mujeres han muerto a primeros de noviembre en presuntos casos de violencia machista y, de confirmarse, ya serían 48 las mujeres asesinadas este 2015. Parece que otra vez no nos alejamos de la cifra esperada: 70 mujeres mueren a manos de hombres cada año.

El machismo es una ideología que el ser humano lleva arrastrando desde sus albores. Desde que luchábamos con palos y piedras, la mujer tenía asignado el deber de quedarse en la cueva cuidando de los descendientes de la raza, aguardando hasta que el hombre llegara con el alimento del que dependían. Y desde entonces, las cosas no han cambiado mucho.

Cuando somos niñas nos inculcan que ser débil es de princesas. Que debemos esperar pacientemente a que un príncipe nos rescate, en vez de sacarnos nosotras mismas las castañas del fuego. Que jugar a fútbol es para niños y que nosotras estamos mejor jugando a las cocinitas o con muñecas. El sexismo nos marca desde muy temprana edad: “¿Por qué lloras, acaso eres una niña?” o “Compórtate como una señorita” son palabras que, desde un lado o el otro, todos hemos escuchado. Parece que nunca significará lo mismo “pegar como un hombre” que “pegar como una mujer”, que algo negativo siempre será “un coñazo” y algo positivo será “cojonudo”, que si te dicen que eres un “zorro” es porque eres astuto, pero si te llaman “zorra” deberías preocuparte.

Ahora, las mujeres estamos empezando a ser conscientes de que Cenicienta no es un modelo a seguir. Se terminó quedarse en casa para criar a nuestros hijos, cuidar del hogar y satisfacer a nuestros maridos. Ahora las mujeres han salido a la calle en busca de independencia… pero se han topado con una realidad que no es la que esperaban. En España la diferencia entre el sueldo de un hombre y una mujer es del 17% y 7 de cada 10 trabajadoras sufren acoso laboral. Por supuesto, es más difícil para ellas acceder a altos cargos y sobretodo, ser respetadas como profesionales cualificadas.

Queremos hablar de una sociedad igualitaria, pero lo cierto es que a cada paso que da una mujer hacia ella, hay un hombre que desea hacerle la zancadilla: un jefe, un compañero de trabajo o incluso ese hombre con el que comparte su vida. Este último es, la mayoría de veces, el más perjudicial. “No te pongas eso, es muy corto”, “¿Con quién hablas? Déjame ver tu móvil”, “¿Tu amigo? Seguro que busca algo, los hombres somos así” son algunas de las primeras alertas que pueden llevar a la violencia de género y si no se para a tiempo, añadirán un número más a la lista.

Para erradicar la violencia machista, no solo se debe castigar a los hombres y compadecer a las mujeres de hoy. Se debe educar a los hombres y mujeres del mañana desde una base de igualdad, sin diferenciar entre princesas y guerreros, y solo así tal vez llegará el momento en el que las diferencias entre sexos sean un apartado más de los libros de historia.

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