EL SÍNDROME DE PETER PAN

LAURA VÁZQUEZ          2º BACHILLERATO B

 comic-competition-1stWinner_Emilio Moralez Ruiz

“Es un gesto simbólico por la reivindicación de todas las mujeres que tienen que poder  conciliar vida familiar y personal y vida laboral y hoy día no pueden, que son muchas  en nuestro país, millones de mujeres que se enfrentan solas a múltiples obstáculos”  declaraba Podemos. “No nos parece adecuada la actitud de la diputada Bescansa  porque ella no representa la situación de la mayoría de mujeres. Ella es una excepción  porque puede dejar a su hijo en la guardería del Congreso” replicaba  Marisa Soleto,  presidenta de la a Fundación Mujeres .

Y así, sucesivamente, como en un partido de  tenis vamos girando la cabeza para contemplar la pelota pasar de un jugador a otro,  observando, escuchando y regocijándonos con cada réplica, con cada término mal  utilizado, acechando, vigilando atentamente cada movimiento, esperando al más  minúsculo fallo para poder criticar, mientras, sentados en el sofá con el mando a  distancia en nuestras manos y el mundo cayendo a nuestros pies, sentimos que  poseemos la única e inmutable verdad universal, nuestra opinión.

Os propongo algo. ¿Qué tal si vamos más allá de las pantallas? Al mundo oscuro al que algunos prefieren no mirar por si acaso el fantasma del remordimiento les hace una visita. Cambiemos de canal y conectemos en directo con la vida real, y no digo con  lo realmente crudo, con lo difícil de tragar. No hablo del aún permanente conflicto en  Siria, de los refugiados ya olvidados y de su primera muerte en el 2016, un niño de dos  años, ni de que Los terroristas de Daesh tienen en Irak unos 3.500 esclavos, la mayoría  mujeres y niños. No hablo de la miseria mundial. No. No hablaré de nada que os pueda  dañar la retina excesivamente, me limitaré a hablar de una España egocéntrica que  con ojo en el pasado no consigue tener voz en su propia casa. Hablaré de nuestro gallinero nacional.

Si ya de por sí es incomprensible que los hombres tengan pensamientos tan retrógrados con respecto al lugar de la mujer en el mundo, lo es aún más que haya  mujeres que también se comporten como tal, en vez de apoyar la igualdad, porque si en vez de Carolina Bescansa hubiese sido un hombre el que llevara en brazos al bebé,  las alabanzas hubieran resonado aún más alto que las bombas que en este momento,  mientras lees esto, están estallando en Al Raqa, y ellos quedarían como reyes, como  siempre ocurre.

Esto va más allá de partidos políticos; más allá de ti y de mí. Esto es  algo con lo que nos topamos en nuestras propias casa, porque sí, tu madre también  pasó por lo mismo, tu madre también tuvo dificultades para criarte, para  amamantarte en cualquier lugar siendo juzgada por  multitud de miradas. Ella no tuvo a  alguien que se quedara con su crío para que pudiera ser persona y no solamente  madre, un calificativo, que hoy en día sigue siendo sinónimo de desigualdad, debilidad,  de no tener otra tarea que educar a nuestros hijos. Y, mientras tanto, a ellos les arde la  garganta y se les revientan las manos cada vez que tienen que actuar de padres y  aceptar un poquito de responsabilidad. ¿Ahora que el tema se extrapola a nuestra vida  privada sigue pareciendo una barbarie que Bescansa haya intentado reivindicar  nuestros derechos como mujer?

Y sí, reconozco que puede que haya sido un chantaje emocional y manipulación  personal en toda regla para conseguir más seguidores y crédito para Podemos, pero, ya que todos están cosidos con la misma costura, prefiero que al menos ella haya denunciado este problema social a pesar de no tener que hacerlo, a pesar de poder  permitirse lo que otras no pueden y estar en una posición privilegiada.

Algunas personas ni  siquiera se paran un segundo a analizar el tema, se quedan solamente  con la opinión de esa caja cuadrada que tienen en el salón, la omnipotente televisión,  y así siguen formando parte del pueblo al que se le alimenta con pan y circo todas las jornadas. Si ya lo decía J. M Berrie, “Todos los niños crecen menos uno”, y ese niño es nuestra patria querida. El síndrome de Peter Pan le para los pies a todo aquel que  intente avanzar.

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