TODOS SOMOS EGOÍSMO

AITANA   DÍAZ       2º BACHILLERATO B 

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Hace mucho tiempo nació, no se sabe con exactitud dónde, por qué motivo o con qué fin, un sentimiento antinatural pero, como todo, hijo de nuestra madre Naturaleza: el Egoísmo. Egoísmo era un tanto… bueno, egoísta. Iba por el mundo a la deriva, pues su toque no ejercía ningún tipo de influencia sobre los otros seres. Hasta que un fatídico día encontró uno bípedo que era casi más antinatural que él, y al que podía manejar como si fuera una marioneta: Hombre, decía llamarse. Fue en ese preciso instante cuando comenzó el horror.

Verán, existe un denominador común en todo libro de Historia: la guerra. Y esta se ha convertido en algo tan común y usual que casi parece ser un acto de primera necesidad. Por ello, me gustaría que diésemos un pequeño salto en el tiempo hacia el pasado, pero no para recordar las conquistas y colonizaciones a base de sangre y dolor; ni para recordar la hipocresía de los poderosos y la injusticia de todos y cada uno de sus actos; tampoco para recordar que la mujer ha sido menos que nada y que todo ser humano de un color diferente al blanco ha estado, incluso, por debajo de ella. Olvidémoslo porque todo eso ha sucedido desde que “sucede” el hombre en sí. Olvidémoslo porque nosotros no somos nuestros abuelos, bisabuelos y mucho menos tátara tátara tátara abuelos y de nada sirve lamentarse. Olvidemos todo eso, pero por un segundo, demos la vuelta a las manecillas del reloj y situémonos en 2011, cuando estalla la guerra en Siria.

Hace 5 años, comenzaron algunos grupos a manifestarse pacíficamente en este país. Hasta ahí normal, ¿no?, en toda sociedad desarrollada la gente se pronuncia cada vez que se siente muy descontenta. Pues bien, aquí entra en escena nuestro anteriormente mencionado amigo: Egoísmo, que tocó a Bashar al-Assad hace mucho tiempo ya. No hay más que observar los hechos: el pez gordo no dudó dos veces al anteponer su poder a una nación entera. Desde entonces, han muerto cientos de miles de personas inocentes. Y lo siguen haciendo, aunque lo peor de todo es que no solo en su lugar de procedencia, sino al intentar huir de él. Porque al-Assad no es el único hombre con poder manejado por nuestro antinatural y natural titiritero: muchos de nuestros jefes están bajo su influencia también.

Sin embargo, no solo sufren los sirios. Como ya he comentado, en el mundo contemporáneo en el que vivimos la guerra se ha vuelto un acto de primera necesidad: actualmente están en conflicto países como Irak, Ucrania, Sudán del Sur, Nigeria, la República Democrática —“Democrática”— del Congo, Afganistán, Libia, Somalia, Yemen… Y así, demasiados más.

Lo más triste es que ni siquiera es algo a lo que nos resignamos, sino que sabemos lo que sucede, lo vemos en la tele cada un tiempo que los medios consideran adecuado y luego en un suspiro lo borramos de nuestras mentes para seguir con nuestras despreocupadas vidas. Porque somos así, podemos hacer algo pero el esfuerzo no lo merece. Y yo me pregunto: ¿Ser mejores personas no vale la pena? ¿Realmente salvar vidas no vale la pena? Creo no errar al suponer que la historia continúa: todos somos Egoísmo.

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