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El género femenino

Las mujeres participan activamente dentro de las actividades económicas, científicas y culturales, espacios que antes se veían abiertos solamente para los hombres. Pero esto es un hecho reciente.

A lo largo de los años hemos vivido en sociedades donde la mujer se dedicaba a la recolección mientras que los hombres eran los encargados de traer la carne, esto se debía a la diferencia física entre ambos géneros. Sin embargo en La Edad Media, las cosas se pusieron más estrictas; se consolidó una sociedad en la que los hombres eran el centro, los únicos que tenían la posibilidad de conocer y entender la verdad dejando así a la mujer bajo el papel de esposa y madre lo que conlleva al cuidado del hogar, dificultando las posibilidades de la misma de entrar en el mundo laboral. También en el sector familiar encontramos diversos actos machistas, que perjudican al sexo femenino.

Estos hechos los podemos ver reflejados en México mediante un libro llamado “Como agua para chocolate “escrito por Laura Esquivel, el cual es una novela desarrollada a finales del siglo XIX y principio del siglo XX alrededor de la Revolución Mexicana. Según la tradición mexicana, la hija menor de la familia no podía casarse porque su deber era permanecer al lado de su madre hasta que ella muriera, también tenían que poner la mesa, cocinar, lavar los platos… Esta tradición se practica en la casa de Mamá Elena, una mujer inflexible y dominante y que a medida que van creciendo sus hijas: Rosaura, Gertrudis y Tita esta quiere seguir reprimiéndolas.

Unos de sus temas es el amor imposible para cuya consecución la protagonista, Tita, recurrirá a las artes culinarias elaborando 12 recetas, una para cada mes del año y llevando a cabo platos mágicos capaces de transformar las emociones y el comportamiento de quienes los prueban. Esta novela se desarrolla en el rancho y es el reflejo de un “México Revolucionario” donde había represores como era la madre y oprimidos como su hija Tita. Una vez destituido los represores el pueblo lograría su felicidad. El argumento de la novela no representa una igualdad de género pues la mujer, en este caso Tita y alguna sirvienta, no deja de estar en la cocina.

Esto se extiende al sector laboral. Por ejemplo: Los cargos ejecutivos suelen estar ocupados por hombres, las mujeres que poseen dichos cargos son una gran minoría, y estos han ido disminuyendo a lo largo de los años. En el 2009 las mujeres ocupaban un 19,5% de los cargos ejecutivos, pero esta cifra no ha hecho más que reducirse hasta llegar al punto de un 11,8%. Junto a estas alarmante cifras encontramos también una discriminación con respecto a los salarios de los empleados, siendo nuevamente las mujeres las victimas de dicha desigualdad, cobrando de media un 16% menos del salario establecido para el puesto de trabajo ocupado.

Muchos hombres ,hoy en día todavía poseen una mentalidad machista, en la cual la mujer es víctima de sus actos, entre el 2016 y 2017 más de 63 mujeres han sido asesinadas en España. Incontables mujeres a lo largo de los años ha sufrido maltratos, la mayoría no han denunciado dicha situación por miedo a su agresor, o por miedo a ser abandonadas.

Por desgracia esto solo es la punta de un gran ice-berg en el mundo muchos países sufren actos tan deplorables o peores, en la India los hombres lanzan ácido sobre los rostros y cuerpos de sus mujeres e hijas simplemente por el hecho de cuestionar su autoridad.

Hoy en día hay gente que todavía piensa que la mujer solo se tiene que dedicar a ciertas cosas…pero el sexo femenino forma parte de la historia al igual que el masculino y por ello tienen el mismo derecho a trabajar en cualquier puesto laboral con las mismas condiciones y salarios.

                                                       Victoria Cillanueva Ortiz 1ºBachiller B

¿SE DEBE CELEBRAR EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER?

Aitana Díaz      2º Bachillerato B

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Hace casi 108 años, fue intencionalmente incendiada una fábrica textil en la Ciudad de Nueva York con 146 mujeres dentro por el simple hecho de encerrarse en ella en protesta por los bajos salarios que recibían y las inhumanas condiciones en que se veían obligadas a trabajar diariamente. Fue a raíz de esto que en solo dos años se declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer tal y como lo conocemos ahora.

Desgraciadamente, en la actualidad seguimos encontrándonos en una situación de desigualdad de géneros muy alarmante, tanto en los países tercermundistas como en los desarrollados. Así, podemos hablar de que las niñas tienen más dificultad para acceder a los estudios, de que 1 de cada 3 mujeres sufre de violencia o acoso sexual, de que 800 mueren diariamente debido a partos no atendidos adecuadamente, de que cobramos entre un 10% y un 30% menos que los hombres realizando los mismos trabajos… Y así un sinfín de ejemplos. Por no hablar de las empresas que se aprovechan de los beneficios que les supone la propaganda en pos de la igualdad de género, sobre todo en días como el 8 de marzo.

Siendo conscientes de todo esto cabe cuestionarse: “¿Se debe celebrar el Día Internacional de la Mujer o carece de sentido? ¿Tiene más ventajas que inconvenientes o viceversa? ¿Es quizá demasiado hipócrita por nuestra parte dedicar un día a la mujer cuando el resto de tiempo no se le otorga el valor que tiene?”. Me atrevo a afirmar que sí debe seguirse celebrando. Porque quizá se sigan dando los hechos escalofriantes que ya he mencionado, pero no son los únicos.

Año tras año cientos de miles de hombres y mujeres se manifiestan en ese día con la idea de seguir luchando por sus derechos y por los del resto de féminas que o no saben cómo pronunciarse o simplemente no pueden. Cada año se crean campañas a favor de la igualdad de sexos, como es la campaña #HeForShe creada por la ONU y encabezada por la actriz y activista feminista Emma Watson, a la que se han sumado en menos de dos años más de 1.300.000 personas de todo el mundo.

No obstante, estas medidas no son suficientes. A este ritmo se ha calculado que con suerte los problemas más graves de machismo —como la no escolarización de las niñas menos afortunadas— se solventarán en 75 años tirando por lo bajo. Pero el Día Internacional de la Mujer fue y sigue siendo un día en que cabe la posibilidad de que todos pongamos nuestro granito de arena, y es que como bien dijo la joven Emma en su discurso a favor de la igualdad para las Naciones Unidas: “Si no soy yo, ¿quién? Si no es hoy, ¿cuándo?”.

NI UNA MENOS

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YANIRA RODRÍGUEZ CANO

2º  Bachillerato B.

Tres mujeres han muerto a primeros de noviembre en presuntos casos de violencia machista y, de confirmarse, ya serían 48 las mujeres asesinadas este 2015. Parece que otra vez no nos alejamos de la cifra esperada: 70 mujeres mueren a manos de hombres cada año.

El machismo es una ideología que el ser humano lleva arrastrando desde sus albores. Desde que luchábamos con palos y piedras, la mujer tenía asignado el deber de quedarse en la cueva cuidando de los descendientes de la raza, aguardando hasta que el hombre llegara con el alimento del que dependían. Y desde entonces, las cosas no han cambiado mucho.

Cuando somos niñas nos inculcan que ser débil es de princesas. Que debemos esperar pacientemente a que un príncipe nos rescate, en vez de sacarnos nosotras mismas las castañas del fuego. Que jugar a fútbol es para niños y que nosotras estamos mejor jugando a las cocinitas o con muñecas. El sexismo nos marca desde muy temprana edad: “¿Por qué lloras, acaso eres una niña?” o “Compórtate como una señorita” son palabras que, desde un lado o el otro, todos hemos escuchado. Parece que nunca significará lo mismo “pegar como un hombre” que “pegar como una mujer”, que algo negativo siempre será “un coñazo” y algo positivo será “cojonudo”, que si te dicen que eres un “zorro” es porque eres astuto, pero si te llaman “zorra” deberías preocuparte.

Ahora, las mujeres estamos empezando a ser conscientes de que Cenicienta no es un modelo a seguir. Se terminó quedarse en casa para criar a nuestros hijos, cuidar del hogar y satisfacer a nuestros maridos. Ahora las mujeres han salido a la calle en busca de independencia… pero se han topado con una realidad que no es la que esperaban. En España la diferencia entre el sueldo de un hombre y una mujer es del 17% y 7 de cada 10 trabajadoras sufren acoso laboral. Por supuesto, es más difícil para ellas acceder a altos cargos y sobretodo, ser respetadas como profesionales cualificadas.

Queremos hablar de una sociedad igualitaria, pero lo cierto es que a cada paso que da una mujer hacia ella, hay un hombre que desea hacerle la zancadilla: un jefe, un compañero de trabajo o incluso ese hombre con el que comparte su vida. Este último es, la mayoría de veces, el más perjudicial. “No te pongas eso, es muy corto”, “¿Con quién hablas? Déjame ver tu móvil”, “¿Tu amigo? Seguro que busca algo, los hombres somos así” son algunas de las primeras alertas que pueden llevar a la violencia de género y si no se para a tiempo, añadirán un número más a la lista.

Para erradicar la violencia machista, no solo se debe castigar a los hombres y compadecer a las mujeres de hoy. Se debe educar a los hombres y mujeres del mañana desde una base de igualdad, sin diferenciar entre princesas y guerreros, y solo así tal vez llegará el momento en el que las diferencias entre sexos sean un apartado más de los libros de historia.

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